jueves, 6 de noviembre de 2008

La Pequeña Edad de Hielo y el Sol 1

En un momento en que se hace un gran énfasis en la contaminación de gases con efecto invernadero en los medios de comunicación, a menudo nos olvidamos que el sol es el astro que mayor influencia física tiene sobre la Tierra, y es sin duda el verdadero motor del clima terrestre. Su aporte de calor constante podría no ser tan constante como los datos históricos nos muestran.

Estudiar el Sol es además enormemente impotante pues puede ocasionar fuertes tormentas magnéticas que pueden ocasionar cortes de electricidad o dejar fuera de servicio cientos de satélites geostacionarios vitales. Pero aun más que estos fenómenos es de tremenda relevancia el hecho de la influencia directa y determinante del Sol sobre el clima terrestre, en un momento en que nuestro clima planetaria está cambiando peligrosamente. Por todo ello, hoy en día se encuentra muy vigilado tanto desde Tierra como el espacio. Una variación del 0.1 o 0.2% en cuanto a la energía emitida por nuestra estrella tendría fuertes efectos sobre el clima de nuestro planeta, incluso consecuencias catastróficas.

Se ha asociado algunos períodos climáticos del pasado a la actividad solar a su incremento o disminución con efectos en la Tierra y sus habitantes. Uno de estos episodios sucedido en el Sol es el llamado mínimo de Maunder, que sucede entre 1645 y 1710. El intervalo de tiempo se asocia a un período particularmente frío en esos años, llamado "La pequeña Edad del Hielo" en Europa, una época caraterizada por inviernos muy largos y duros. Esto ha llevado a los científicos a un profundo estudio de las influencias de la actividad solar en el clima terrestre, al igual que intentar averiguar si otras estrellas pasan por fases de actividades cíclicas como nuestro Sol.

El Sol y sus manchas

En las primeras observaciones telescópicas solares realizadas por Galileo en 1611 notó inmediatamente la presencia de manchas oscuras en la superficie solar conocidas como manchas solares. Varios contemporáneos de Galileo observaron tales manchas,incluso observadores las vieron y registraron sus observaciones a ojo desnudo, puesto que una mancha lo suficientemente grande puede verse durante los crepúsculos o bajo un velo de neblina. Hoy sabemos que el sol presenta un ciclo de manchas de unos 11 años y es una de las manifestaciones más evidentes de su nivel de actividad.

Detalle de manchas solares comparadas con nuestro planeta

No fue hasta 1843 cuando Heinrich Schwabe, advirtió un alza y caída periódica en el número de manchas. 200 años parece mucho
tiempo para que se descubriese esta periodicidad bastante obvia, pero esto sin duda fue infuido por el anómalo comportamiento de nuestro Sol durante los 70 años que van desde 1645 a 1715, durante estos 70 años la ausencia de manchas fue casi total.

Por razones que no comprendemos bien, el ciclo solar fue enormemente disminuido en su intensidad en un factor 10 o 20 con repecto a ciclos "normales", aunque parecese ser que existe evidencia de que no cesó completamente. Este sorprendente comportamiento del Sol fue estudiado por los astrónomos E. H: Maunder y F.W.G. Spörer en 1890 y este intervalo de tiempo fue bautizado como mínimo de Maunder.

Los muestreos geológicos realizados en la Antártida aparecen registros de isótopos radiactivos relacionados con la actividad magnética solar consistentes que demuestran una disminución de ésta durante este período. Estos registros junto con las crónicas históricas nos permiten reconstruir lo que ha sido el clima de la Tierra en los últimos 5000 años.

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