lunes, 15 de diciembre de 2008

Los cometas a través de la Historia 2: La disputa entre Aristóteles y Séneca

Al expandirse y consolidarse el imperio romano, Grecia fue absorbida. Los romanos no tenían muchas inquietudes por la ciencia o la astronomía. Eran prágmáticos y se dedicaban a vivir lo mejor posible. Por tanto no heredaron casi nada del espíritu inquieto en lo intelectual y en el mundo de las ideas. sencillamente preservaron la ciencia de los griegos sin realizar avances significativos. Pero eso no evitó una contribución de Séneca sobre los cometas.

En la antigüedad clásica coexistieron dos teorías que explicaban la naturaleza de estos cuerpos; la que propugnaba que eran fenómenos atmosféricos, representada por Aristóteles; y la que formulaba que eran cuerpos de naturaleza sideral, ajenos a nuestro planeta defendida por Séneca, pensador romano del siglo I dc.

Séneca

Séneca al observar los cometas moviéndose en trayectorias curvadas más o menos regularmente e impasibles a los fuertes vientos, creyó que fueran una especie de estrellas despistadas, errantes, y que si los planetas se hallasen lo suficientemente cerca sus características serían cometarias, las cuales no podían apreciarse debido a su lejanía. Para él eran cuerpos sólidos esféricos (cuerpo terroso) que alimentaba a la cola (llama), que era la responsable del aspecto alargado de estos objetos. Incluso, se atrevió a sugerir que tal vez fueran periódicos, pues observó acertadamente que todos los cometas se acercaban mucho al Sol. También dedujo correctamente que las colas huyen del Sol en dirección opuesta a este independientemente de su sentido de movimiento. En su obra “Cuestiones Naturales” profetizando el nacimiento de Edmund Halley y libre de prejuicios de la época se atrevió a afirmar:

“¿Por qué sorprenderse de que los cometas que rara vez se revelan al mundo debieran ser ajenos a las leyes que gobiernan nuestro mundo y que tampoco conocemos los destinos de esos cuerpos cuyos pasos están separados por tan grandes intervalos? Llegará un tiempo cuando tras un cuidadoso estudio se arrojará luz en estos fenómenos naturales. Un hombre nacerá algún día y nos mostrará en que región celeste se mueven estos cuerpos y por qué su movimiento es tan grande en comparación con los planetas, y cual es su tamaño y naturaleza.”

Pero Séneca tenía un duro adversario, Aristóteles, todo un peso pesado del pensamiento antiguo. El pensador griego afirmaba por el contrario que se trataba de un fenómeno parecido a las estrellas fugaces, contradiciendo a Demócrito y los Pitagóricos para los cuales eran astros de pleno derecho. Pero Aristóteles los relegaba a meros fenómenos meteorológicos, rechazando que pudiesen ser un tipo de planetas ”diferentes”.

El filósofo de Estagira de acuerdo a su teoría de los cuatro elementos, los suponía como “exhalaciones terrestres” tal vez rozando las capas exteriores de la atmósfera inflamándose por fricción.

La naturaleza de los cometas: un tema controvertido desde la antigüedad

Aristóteles gran pensador, “El Filósofo” por definición, no conocía el método científico moderno, que no fue formulado hasta el renacimiento, entre otros por Francis Bacon uno de los padres de la ciencia moderna. Tal vez el primer científico moderno haya sido Galileo. El método científico está basado en la observación, la experimentación y la lógica inductiva: Este tipo de lógica parte de multitud de observaciones o hechos particulares, se establecen regularidades, y esto lleva a una hipótesis, ésta a una teoría y finalmente se formulan leyes universales, la ciencia moderna utiliza casi siempre este método.

Como entonces el método científico no se había desarrollado todavía, el método de conocimiento que usaba Aristotéles era de naturaleza básicamente deductiva y las explicaciones de Aristóteles pueden resultar un tanto “sui generis”, pero pueden comprenderse mejor si estudiamos el contexto de su época.

Aristóteles desde la llegada del imperio romano, era casi fuente de todo conocimiento, podía ser comentado pero no contradicho. En terminos más populares, todo lo que afirmaba Aristóteles en la antigüedad ”iba a misa”, y era fuertemente defendido por la todopoderosa iglesia católica (recordemos las tribulaciones del pobre Galileo). Las afirmaciones de Aristóteles podían ser comentadas pero no discutidas. Al final se impuso su prestigio y el principio de “autoridad”, e incluso el mismísimo Copérnico coincidía con Aristóteles en el tema de los cometas.

Como sucedió con la disparidad entre el modelo heliocéntrico de Aristarco y el geocéntrico de Ptolomeo, el primero fue relegado al olvido adoptándose durante muchos siglos el segundo, más afín a las creencias de la época, menos subversivo. Pues el modelo contrario representaba una auténtica bomba en la cosmovisión antigua, que dinamitaba el papel del hombre en el cosmos, relegándolo a un ridículo papel secundario.

De cualquier forma sin prueba experimental, la farragosa concepción del universo, del todo arbitraria y su innegable erudición se impusieron, y con ellas error sobre la naturaleza de los cometas se prolongaría durante 2000 años, hasta el siglo XVI.


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