Jules Henri PoincaréLa concepción del universo como máquina de relojería extremadamente predecible se derrumbó estrepitosamente en el siglo XIX con la introducción de la física del caos, por el matemático francés Poincaré. La interacción gravitacional puede establecerse perfectamente con dos cuerpos y sus movimientos pueden ser descritos con suma exactitud. Pero si consideramos un escenario real como el sistema solar, con múltiples cuerpos interactuando entre si surge la llamada física del caos que sólo es abordable y de forma parcial, con la ayuda de potentes ordenadores, pero los minúsculas imprecisiones iniciales se amplifican con el tiempo y por tanto los errores resultan inadmisibles.
Por si fuera poco se plantearían posteriormente la relatividad y sobre todo de la física cuántica. Ésta última sólo admite un enfoque estadístico de probabilidad, su ámbito es el microcosmos a escala atómica y con ella el concepto tradicional de realidad se hace pedazos. Científicos como Einstein se negaron vehemente a admitirla porque introduce el azar en la física algo muy difícil de admitir para un físico de su generación. Para bien o para mal ha resistido hasta ahora todos los ataques.
Por ello podemos decir que la mecánica clásica newtoniana, aún siendo válida, tiene sus limitaciones y fracasa en abordar diversos fenómenos. A gran escala, en el macrocosmos, planetas, estrellas y galaxias etc. sigue siendo una excelente aproximación de una forma bastante predecible. Las leyes de Kepler y Newton siguen siendo válidas dentro de unos límites. Sin embargo la física newtoniana hace totalmente aguas en el mundo microscópico a escalas atómicas.
El nombre de física del caos es un tanto desafortunado, pues no significa algo desordenado o irracional, sino algo con un orden tan sumamente complejo que en la práctica es imposible de conocer sino por aproximación. Más bien el caos sólo puede existir en nuestra mente al desubicarse al abordar estos conceptos.
La física del caos tiene múltiples aplicaciones incluso en el mundo de las finanzas y de las bolsas internacionales. Y la representación de funciones matemáticas caóticas da lugar a asombrosas y bellas figuras llamadas fractales.
Un ejemplo de las limitaciones de la llamada mecánica clásica es el tiempo atmosférico, que se considera un fenómeno caótico. Pues las predicciones sólo pueden aproximadas y tanto menos fiables cuanto más nos alejemos en el tiempo. Por ejemplo ni con los mejores ordenadores actuales es posible predecir el tiempo en una ciudad determinada dentro de un mes, de forma fiable, pues una variación levísima en las condiciones iniciales causa después variaciones muy importantes del comportamiento de la atmosférico. En la práctica no se pueden medir los parámetros de todo el universo sin ningún error.
Esto es lo que se llama “efecto mariposa”, que nos plantea el ejemplo es de que si una mariposa batiera sus alas en Madrid por ejemplo, sería teóricamente posible que causara un violento tornado en Kansas a miles de kilómetros de distancia. Un fenómeno casi imperceptible puede variar el comportamiento de otro y modificarlo de una forma muy sustancial. El ejemplo es un poco extremo, pero sirve para comprender esta física del caos tan extraña aparentemente, que impregna todo el universo.
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Por si fuera poco se plantearían posteriormente la relatividad y sobre todo de la física cuántica. Ésta última sólo admite un enfoque estadístico de probabilidad, su ámbito es el microcosmos a escala atómica y con ella el concepto tradicional de realidad se hace pedazos. Científicos como Einstein se negaron vehemente a admitirla porque introduce el azar en la física algo muy difícil de admitir para un físico de su generación. Para bien o para mal ha resistido hasta ahora todos los ataques.
Por ello podemos decir que la mecánica clásica newtoniana, aún siendo válida, tiene sus limitaciones y fracasa en abordar diversos fenómenos. A gran escala, en el macrocosmos, planetas, estrellas y galaxias etc. sigue siendo una excelente aproximación de una forma bastante predecible. Las leyes de Kepler y Newton siguen siendo válidas dentro de unos límites. Sin embargo la física newtoniana hace totalmente aguas en el mundo microscópico a escalas atómicas.
El nombre de física del caos es un tanto desafortunado, pues no significa algo desordenado o irracional, sino algo con un orden tan sumamente complejo que en la práctica es imposible de conocer sino por aproximación. Más bien el caos sólo puede existir en nuestra mente al desubicarse al abordar estos conceptos.
La física del caos tiene múltiples aplicaciones incluso en el mundo de las finanzas y de las bolsas internacionales. Y la representación de funciones matemáticas caóticas da lugar a asombrosas y bellas figuras llamadas fractales.
Un ejemplo de las limitaciones de la llamada mecánica clásica es el tiempo atmosférico, que se considera un fenómeno caótico. Pues las predicciones sólo pueden aproximadas y tanto menos fiables cuanto más nos alejemos en el tiempo. Por ejemplo ni con los mejores ordenadores actuales es posible predecir el tiempo en una ciudad determinada dentro de un mes, de forma fiable, pues una variación levísima en las condiciones iniciales causa después variaciones muy importantes del comportamiento de la atmosférico. En la práctica no se pueden medir los parámetros de todo el universo sin ningún error.
Esto es lo que se llama “efecto mariposa”, que nos plantea el ejemplo es de que si una mariposa batiera sus alas en Madrid por ejemplo, sería teóricamente posible que causara un violento tornado en Kansas a miles de kilómetros de distancia. Un fenómeno casi imperceptible puede variar el comportamiento de otro y modificarlo de una forma muy sustancial. El ejemplo es un poco extremo, pero sirve para comprender esta física del caos tan extraña aparentemente, que impregna todo el universo.
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