Unas pocas veces al día una explosión sacude el campo magnético terrestre, provocando una cadena de sucesos que llenan los cielos polares con auroras deslumbrantes. Éstas explosiones son subtormentas y como se producen ha sido durante largo tiempo un misterio. Hasta ahora, nadie ha sido capaz de aplicar cómo consiguen la energía suficiente para crear semejantes espectáculos luminosos, o que mecanismo las produce.
Ahora una flotilla de satélites de la NASA, está finalmente aportando respuestas. Nos podrían ayudar a comprender no solamente estos grandes espectáculos de la naturaleza, sino también ayudar a predecir la situación del tiempo espacial (las condiciones del medio interplanetario), que pueden hacer peligrar satélites y astronautas, e incluso averiar los sistemas eléctricos en la Tierra.
Cada color de las auroras está relacionado con una molécula determinada
Las auroras boreales y australes han fascinado al mundo durante toda la historia de la humanidad, y los intentos para explicarlas han sido muchos. Galileo describía las auroras como la luz del sol reflejada en vapores que ascienden desde la superficie de la Tierra, mientras que Descartes proponía las reflexiones de cristales de hielo en su lugar. A final del siglo XVII, Edmond Halley fue el primero en relacionar correctamente el campo magnético terrestre con las auroras, aunque no fue hasta la década de los 50 cuando los científicos confirmaron que las auroras están creadas por la interacción de los electrones que irrumpen en el campo magnético y chocan contra la alta atmósfera.
Las auroras, las subtormentas y otras manifestaciones más peligrosas del tiempo espacial comienzan todas con el viento solar, un tenue gas y ionizado de partículas cargadas eyectadas por el Sol, conectadas por campos magnéticos y que pueden transportar fuertes corrientes eléctricas. Estos huracanes magnéticos están soplando sobre todo planeta a 1.600 millones de kilómetros por hora, pero no podemos percibimos como la brisa. Esto sucede porque la mayor parte del viento solar es desviado por el campo magnético terrestre que mantiene una zona de calma relativa, esta zona se llama magnetosfera. Mientras el viento solar sopla y azota el entorno de la tierra, empuja y comprime este escudo protector hacia el lado nocturno del planeta, de la misma manera que el cabello largo ondea al viento.
Continuación
Ahora una flotilla de satélites de la NASA, está finalmente aportando respuestas. Nos podrían ayudar a comprender no solamente estos grandes espectáculos de la naturaleza, sino también ayudar a predecir la situación del tiempo espacial (las condiciones del medio interplanetario), que pueden hacer peligrar satélites y astronautas, e incluso averiar los sistemas eléctricos en la Tierra.
Cada color de las auroras está relacionado con una molécula determinadaLas auroras boreales y australes han fascinado al mundo durante toda la historia de la humanidad, y los intentos para explicarlas han sido muchos. Galileo describía las auroras como la luz del sol reflejada en vapores que ascienden desde la superficie de la Tierra, mientras que Descartes proponía las reflexiones de cristales de hielo en su lugar. A final del siglo XVII, Edmond Halley fue el primero en relacionar correctamente el campo magnético terrestre con las auroras, aunque no fue hasta la década de los 50 cuando los científicos confirmaron que las auroras están creadas por la interacción de los electrones que irrumpen en el campo magnético y chocan contra la alta atmósfera.
Las auroras, las subtormentas y otras manifestaciones más peligrosas del tiempo espacial comienzan todas con el viento solar, un tenue gas y ionizado de partículas cargadas eyectadas por el Sol, conectadas por campos magnéticos y que pueden transportar fuertes corrientes eléctricas. Estos huracanes magnéticos están soplando sobre todo planeta a 1.600 millones de kilómetros por hora, pero no podemos percibimos como la brisa. Esto sucede porque la mayor parte del viento solar es desviado por el campo magnético terrestre que mantiene una zona de calma relativa, esta zona se llama magnetosfera. Mientras el viento solar sopla y azota el entorno de la tierra, empuja y comprime este escudo protector hacia el lado nocturno del planeta, de la misma manera que el cabello largo ondea al viento.
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