martes 28 de septiembre de 2010

Nuestro entendimiento acerca del proceso de formación de las estrellas es sumamente amplio. A pesar de ello, recientemente, un grupo de investigadores liderados por Laurent Pagani (LERMA) y Jürgen Steinacker (Instituto Max Planck) han descubierto una nueva forma de obtener información acerca del nacimiento y formación de los núcleos estelares.

Este descubrimiento no hubiera sido posible de no ser por el telescopio Spitzer de la NASA, que tras unas observaciones sobre la nube molecular L183, situada en la galaxia Serpens Cauda (cola de serpiente), detectó una inesperada radiación infrarroja que parecía venir del núcleo de la nube. Tras varias simulaciones, el equipo llegó a la conclusión de que debía tratarse de luz dispersada por partículas de polvo; luz proveniente de otra estrella.

Mediante el estudio de otros núcleos estelares en formación, llegaron a la conclusión de que no se trataba de un caso particular, demostrando incluso que el fenómeno tenía lugar en la mayoría de los casos.

El "brillo nuclear" tiene una gran utilidad, pues permite deducir la densidad y tamaño de las partículas de polvo (y con esos datos, su edad aproximada) y las reacciones que estén teniendo lugar en la nube. Por ejemplo, en el caso de la nube molecular L183 calcularon que debía tratarse de partículas con tamaño aproximado a 1 micrometro (micra).

Este descubrimiento ha permitido la apertura de un nuevo campo de investigación, que será estudiado por el Observatorio Spitzer, y a partir del próximo año 2014, tras su lanzamiento, por el telescopio James Webb.
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